OJO LLOROSO

¿Qué es el ojo lloroso?
Para que el ojo se mantenga sano es importante que esté bien lubricado y, por eso, tiene una glándula que se encarga de producir las lágrimas. Cuando parpadeamos, el párpado las extiende sobre la superficie ocular y bombea el exceso de lágrima hacia un pequeño conducto que acaba en la nariz.

La lágrima es esencial para mantener el ojo sano. Sin embargo, el exceso de lagrimeo representa un problema molesto y relativamente frecuente, siendo uno de los síntomas que más a menudo aquejan los pacientes que visitan el oftalmólogo.
¿Por qué se produce?
Cuando el conducto que drena las lágrimas hacia la nariz no funciona correctamente, se obstruye y  esto provoca que las lágrimas se acumulen en la superficie del ojo y se desborden, cayendo hacia la mejilla.
¿Cómo se puede prevenir?
En la mayoría de casos, el ojo lloroso no se puede prevenir. Cuando está relacionado con una infección nasal o una conjuntivitis, conviene tratarlos adecuadamente. Evitar los traumatismos en el ojo contribuye a prevenir la obstrucción del lagrimal.
Además del exceso de lagrimeo, existen otros síntomas como el exceso de mucosidad, irritación ocular e hinchazón en el ángulo interno del ojo.

A veces, las lágrimas acumuladas en el conducto pueden infectarse, lo que provoca dolor e inflamación en el canto interno de los párpados.
Cuando el conducto lagrimal está obstruido se puede realizar una intervención quirúrgica para crear un nuevo conducto de drenaje (dacriocistorrinostomía). En esta intervención se colocan de manera temporal unos pequeños tubos de silicona que mantienen abierto el nuevo conducto lagrimal hasta que finaliza el proceso de cicatrización.

Sin embargo, la obstrucción del conducto lagrimal no siempre se puede reparar. Cuando esto ocurre, es necesario implantar quirúrgicamente un tubo de drenaje artificial.

En ambos casos, la cirugía es ambulatoria, por lo que no requiere ingreso hospitalario. La recuperación suele durar una semana.